Mostrando entradas con la etiqueta servicio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta servicio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El mundo cambió, tu empresa no

Atine. No se mienta. La tecnología está cambiando el mundo y su industria no será la excepción. Un año después de su lanzamiento, el modelo S de Tesla se incendió dos veces. Este auto cuando va a alta velocidad se acerca al piso para ser más aerodinámico, lo que permitió que algo golpeara su batería y todo terminara mal. Lo que viene después es adivinable: pedir miles de autos "de vuelta", repararlos, indemnizaciones, etc. Pero nada de esto pasó. Central y remotamente con una simple modificación en el software del modelo S, este se mantendría un par de centímetros más alejado del piso. Un cambio de paradigma brutal desde los fabricantes hasta los talleres mecánicos.

La tecnología no está sólo haciendo el mundo más eficiente, está cambiando las reglas del juego. Uber no tiene autos, Airbnb no tiene departamentos y Alibaba no tiene inventario. Los mercados se hacen más cambiantes y prueba de ello es que las empresas "duran menos"; hace 50 años el promedio de vida de una empresa en el S&P500 era de 61 años, hoy es de 20. Buenos ejemplos son los "casos de estudio" que desaparecieron en pocos años: Nokia, Palm y Blackberry. Suena como si estuviera hablando sólo de empresas tecnológicas, pero no, son de la economía real: taxis, hoteles y exportaciones. Industrias completas modificadas con el aceite de la información. Y esto no para. 

La categoría de películas cambió de la noche a la mañana con Netflix, mientras Blockbuster miraba. Skype destruyó el mercado de telefonía de larga distancia, y la industria de la música que había recién cambiado tras Napster y iTunes, volvió a reinventarse con Spotify. El punto es importante: toda la economía se basará en tecnología. Toda.

El retail debería estar pensando en el internet de las cosas. En cómo mañana no será necesario hacer la lista de compras, porque el refrigerador se comunicó directo con el supermercado y este despachó todo sin ni siquiera un click. La industria logística debe adivinar como mañana las impresoras 3D le permitirán a cualquiera fabricar (imprimir) una zapatilla en su casa ¿De qué llenamos los contenedores si no es con productos?

Lamentablemente Chile no está preparado. Las empresas saben poco y nada de tecnología. Sus departamentos de TI siguen ocupados con los mails y las áreas comerciales no piensan en cómo poner la tecnología al servicio del negocio. Hay infinitas oportunidades allá afuera, pero primero debe tomar la decisión de actualizarse y no reaccionar cuando sea muy tarde.






Columna originalmente publicada en Diario Financiero

miércoles, 28 de octubre de 2015

La ilegalidad de un buen servicio

En muchos países del mundo la entrada de Uber al mercado ha estado en el centro de la polémica debido a su ilegalidad al no contar con patentes de taxi, pero al mismo tiempo contar con el respaldo de miles de clientes. Taxistas golpeando a choferes de Uber, bajando pasajeros y paros en las ciudades han sido los mecanismos para defender su territorio. En paralelo, pero sin violencia, Airbnb ha cambiado las reglas del juego en la industria hotelera de manera más silenciosa, pero no menos sustancial, con bastante informalidad. Dos de los principales start-ups más exitosos en el mundo, no tienen espacio dentro de la normativa. Mientras ellos han estado a la altura de las expectativas y demandas de sus clientes, el Estado no ha estado a la altura del mercado.

La lección es simple: la inflexibilidad y una metodología lenta para actualizar la normativa, merma contra la innovación y nuevas iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida de las personas y potenciar la economía gracias al emprendimiento. No sólo el de sus fundadores, sino también de nuevos choferes y arrendatarios.

Peor aún es constatar como la colusión e incluso monopolización es legal en algunas industrias, sin tener ninguna justificación sustancial. Los "colegios" de algo, tal vez hacían sentido 50 años atrás cuando el consumidor no podía saber si algo era bueno o malo. Funcionaban como un certificador, pero hoy con toda la información disponible, quién es -sino el consumidor- quien debe decidir qué servicio tomar. La labor gubernamental debe ser de reglamentar y fiscalizar, pero no amparar la colusión que sólo beneficia a los incumbentes, que no tienen incentivo alguno para entregar un buen servicio.

Las colusiones de profesores, panaderos o taxistas deberían ser ilegales, tal como las de los pollos o los las farmacias, cuando van más allá de la negociación entre un empleador y empleados ¿Quiénes son ellos para quitarnos legalmente la educación o el transporte? ¿Por qué ellos deben tener más derechos que sus clientes?

Para promover un país meritocrático y donde premiemos a quien sirva mejor, es necesario flexibilizar los mercados y a su vez, tener una normativa que permita formalizar ágilmente un nuevo servicio. Hay que mantener regulaciones y fiscalizaciones, pero no clubes coludidos que son capaces de doblarle la mano al gobierno y clientes, quienes le hacen un flaco favor a la construcción de una mejor sociedad al poner por delante sus intereses personales.