Mostrando entradas con la etiqueta uber. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta uber. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de mayo de 2016

Uber y la oportunidad para el gobierno

Uber es la punta de lanza. Es sólo el comienzo de una avalancha de servicios que empiezan a operar al margen de la ley por una u otra razón. Están en la zona gris de ésta, derechamente van en contra de ella o burdamente no pagan impuestos. La tecnología ha derribado las barreras de entrada a muchos mercados, disminuye los costos de transacción y las asimetrías de información. Han cambiado las reglas del juego de nuestra sociedad y la economía. Sin embargo el gobierno sigue pidiendo “fuera de juego” sin darse cuenta que es una batalla donde tarde o temprano tendrá que ceder.

Sobre Uber en el análisis es simple: hoy es ilegal, pero el desafío no es cómo matarlo, sino cómo legalizarlo. Uber da un mejor servicio y a un mejor precio, porque el gobierno ampara un sistema que garantiza un mal servicio, consecuencia de una colusión o cartel legal. Establecer un estándar de servicio para el transporte público, tanto en la calidad del auto, seguros involucrados o las habilidades del chofer, me parece correcto y debe ser fiscalizado. Pero claramente es una política obsoleta con consecuencias nefastas limitar la cantidad de taxis. Además se coarta la posibilidad de cualquiera de emprender en este rubro.

El gobierno protege a un grupo de interés en desmedro de uno mayor (sus clientes), cuando debiera pensar cómo formalizar una industria naciente. Sin embargo el desafío es más: no se trata de este caso particular, sino de cómo cambiar la forma de legislar y regular en este nuevo escenario. Uno donde el Estado pierde plata por cada segundo que pasa, los mercados negros son elegantes y sofisticados, las transacciones no son físicas, Servicios de Impuestos Internos no sabe lo que pasa y todo esto es respaldado por millones de clientes felices. AirBnB ha puesto en jaque la industria hotelera, pero curiosamente mientras este gremio no reclame lo suficiente el gobierno no hará nada. Las tiendas por Facebook crecen como callampas y los verduleros ya atinaron con ganarle a los supermercado con servicios a domicilio a mejor precio y con productos más frescos, mientras los kioscos religiosamente dan boleta. Miles de emprendedores ofrecen servicios “free-lance” a través de plataformas a todo el mundo sin que nadie sepa, mientras una pyme que contrata servidores fuera de Chile tiene que pagar un 35% de impuestos.

Las lista es interminable y está creciendo exponencialmente. Es urgente actualizar la regulación para legalizar todas estas actividades y servicios, en vez de pelear en nombre de lo obsoleto. Lo que viene por delante no es menor: hoy el mercado para cualquiera puede ser el mundo completo y el diseño impositivo y regulatorio debe tomar en cuenta esta realidad. Las operaciones, pagos y prestaciones de servicios será cada vez más globalizada, por lo que la trazabilidad de todo esto será clave. Pero antes de esto, se debe partir por reconocer que hay nuevas reglas del juego, para lo que es necesario un sistema de legislación más ágil y flexible (y no uno anclado a un paradigma de hace 200 años). La buena noticia es que modernizarse es una gran oportunidad: mayor recaudación y mejores servicios para todos.

Columna originalmente publicada en:

miércoles, 28 de octubre de 2015

La ilegalidad de un buen servicio

En muchos países del mundo la entrada de Uber al mercado ha estado en el centro de la polémica debido a su ilegalidad al no contar con patentes de taxi, pero al mismo tiempo contar con el respaldo de miles de clientes. Taxistas golpeando a choferes de Uber, bajando pasajeros y paros en las ciudades han sido los mecanismos para defender su territorio. En paralelo, pero sin violencia, Airbnb ha cambiado las reglas del juego en la industria hotelera de manera más silenciosa, pero no menos sustancial, con bastante informalidad. Dos de los principales start-ups más exitosos en el mundo, no tienen espacio dentro de la normativa. Mientras ellos han estado a la altura de las expectativas y demandas de sus clientes, el Estado no ha estado a la altura del mercado.

La lección es simple: la inflexibilidad y una metodología lenta para actualizar la normativa, merma contra la innovación y nuevas iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida de las personas y potenciar la economía gracias al emprendimiento. No sólo el de sus fundadores, sino también de nuevos choferes y arrendatarios.

Peor aún es constatar como la colusión e incluso monopolización es legal en algunas industrias, sin tener ninguna justificación sustancial. Los "colegios" de algo, tal vez hacían sentido 50 años atrás cuando el consumidor no podía saber si algo era bueno o malo. Funcionaban como un certificador, pero hoy con toda la información disponible, quién es -sino el consumidor- quien debe decidir qué servicio tomar. La labor gubernamental debe ser de reglamentar y fiscalizar, pero no amparar la colusión que sólo beneficia a los incumbentes, que no tienen incentivo alguno para entregar un buen servicio.

Las colusiones de profesores, panaderos o taxistas deberían ser ilegales, tal como las de los pollos o los las farmacias, cuando van más allá de la negociación entre un empleador y empleados ¿Quiénes son ellos para quitarnos legalmente la educación o el transporte? ¿Por qué ellos deben tener más derechos que sus clientes?

Para promover un país meritocrático y donde premiemos a quien sirva mejor, es necesario flexibilizar los mercados y a su vez, tener una normativa que permita formalizar ágilmente un nuevo servicio. Hay que mantener regulaciones y fiscalizaciones, pero no clubes coludidos que son capaces de doblarle la mano al gobierno y clientes, quienes le hacen un flaco favor a la construcción de una mejor sociedad al poner por delante sus intereses personales.