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sábado, 14 de mayo de 2016

Hoy los pescadores, mañana los doctores

La semana pasada el gobierno se vio en jaque cuando miles de pescadores quedaron sin trabajo a causa de la Marea Roja. Algunos podrían decir que fue predecible, pero lo que sin duda no lo es, es que la mayoría de los taxistas, tecnólogos médicos, albañiles, contadores, abogados y periodistas estarán en la misma situación debido a los cambios tecnológicos. Los orígenes son diferentes, pero el resultado es el mismo: es cosa de un par de años para que la inteligencia artificial irrumpa en el mercado y genere un desastre laboral para el que no estamos preparados.

Suena de película, pero basta googlear para saber que algoritmos toman mejores decisiones de inversión que los humanos, el auto autónomo de Google ya ha recorrido más de 500.000 kilómetros sin accidentes, Associated Press tiene robots que escriben noticias y firmas de abogados ya reemplazan a los más jóvenes con softwares que procesan casos bastante más rápido y con menos errores. Ya hay impresoras 3D que imprimen 10 casas al día en China, y sin ir más lejos Toth, un Start Up chileno, ya reemplaza técnicos médicos con un software que lee radiografías y escribe los diagnósticos. Incluso la medicina está amenazada ya que para hacer un diagnóstico complejo claramente un software tiene mayor capacidad de análisis de variables y casos similares en todo el mundo.

Mientras tanto en Chile, discutimos sobre educación gratuita, pero las Universidades no están a la altura de lo que viene. Se empuja una reforma laboral sindical, cuando el riesgo real es el reemplazo de trabajadores por nuevas tecnologías. El mercado laboral en menos de 10 años será uno que dejará fuera todos quienes hagas tareas repetitivas y mecánicas. Hace más de 10 años en Europa y Estados Unidos se usan masivamente robots-aspiradoras, pero como hemos seguido en el subdesarrollo no las hemos necesitado. Sin embargo alcanzar el desarrollo también implica nuevos desafíos: si todos ganan mejor, hay más incentivos a reemplazar mano de obra con tecnología.

Tenemos dos opciones: o nos subimos al carro o va quedar la embarrada. La única solución es más innovación local, una educación diferente y más flexibilidad laboral. Hoy estamos educando niños para resolver problemas que hoy no conocemos. Cambiar la metodologías de educación escolar es más urgente que el financiamiento. Fomentar la innovación nacional es clave si no queremos que nuestra economía sea presa de empresas extranjeras. Si el mercado laboral no se flexibiliza, será imposible adaptarse a nuevos tiempos. Si no actuamos, mañana serán muchos delantales blancos desfilando por la alameda exigiendo bonos por su desempleo permanente. El gobierno no tendrá billetera que aguante y ellos no tendrán otra opción más que reinventarse. Mejor atinemos hoy.

Columna originalmente publicada en:

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El mundo cambió, tu empresa no

Atine. No se mienta. La tecnología está cambiando el mundo y su industria no será la excepción. Un año después de su lanzamiento, el modelo S de Tesla se incendió dos veces. Este auto cuando va a alta velocidad se acerca al piso para ser más aerodinámico, lo que permitió que algo golpeara su batería y todo terminara mal. Lo que viene después es adivinable: pedir miles de autos "de vuelta", repararlos, indemnizaciones, etc. Pero nada de esto pasó. Central y remotamente con una simple modificación en el software del modelo S, este se mantendría un par de centímetros más alejado del piso. Un cambio de paradigma brutal desde los fabricantes hasta los talleres mecánicos.

La tecnología no está sólo haciendo el mundo más eficiente, está cambiando las reglas del juego. Uber no tiene autos, Airbnb no tiene departamentos y Alibaba no tiene inventario. Los mercados se hacen más cambiantes y prueba de ello es que las empresas "duran menos"; hace 50 años el promedio de vida de una empresa en el S&P500 era de 61 años, hoy es de 20. Buenos ejemplos son los "casos de estudio" que desaparecieron en pocos años: Nokia, Palm y Blackberry. Suena como si estuviera hablando sólo de empresas tecnológicas, pero no, son de la economía real: taxis, hoteles y exportaciones. Industrias completas modificadas con el aceite de la información. Y esto no para. 

La categoría de películas cambió de la noche a la mañana con Netflix, mientras Blockbuster miraba. Skype destruyó el mercado de telefonía de larga distancia, y la industria de la música que había recién cambiado tras Napster y iTunes, volvió a reinventarse con Spotify. El punto es importante: toda la economía se basará en tecnología. Toda.

El retail debería estar pensando en el internet de las cosas. En cómo mañana no será necesario hacer la lista de compras, porque el refrigerador se comunicó directo con el supermercado y este despachó todo sin ni siquiera un click. La industria logística debe adivinar como mañana las impresoras 3D le permitirán a cualquiera fabricar (imprimir) una zapatilla en su casa ¿De qué llenamos los contenedores si no es con productos?

Lamentablemente Chile no está preparado. Las empresas saben poco y nada de tecnología. Sus departamentos de TI siguen ocupados con los mails y las áreas comerciales no piensan en cómo poner la tecnología al servicio del negocio. Hay infinitas oportunidades allá afuera, pero primero debe tomar la decisión de actualizarse y no reaccionar cuando sea muy tarde.






Columna originalmente publicada en Diario Financiero