martes, 28 de abril de 2015

AC/DC ¿Asamblea Constituyente o Distracción Constante?

Cuando a la ciudadanía le preguntamos cuales son los tres temas a los cuales el gobierno debería dedicar sus esfuerzos, sólo 3% responde entre ellos a la Reforma Constitucional, según datos de la encuesta CEP de noviembre pasado. Sin embargo, entre 45% y 50% está de acuerdo que los problemas prioritarios son: educación, seguridad y salud. Los comentarios sobran sobre lo que Chile necesita.

La actual crisis política no está fundada en nuestra constitución, ni se solucionará con una Asamblea Constituyente. La crisis actual es una de falta de confianza y credibilidad. Como sociedad vivimos un cambio de paradigma cuando la tecnología y comunicaciones permitieron un nivel de transparencia tal, que hoy todos son capaces de ver como nuestros representantes no hacen la pega. Como los elegimos para resolver los problemas importantes, pero dedican a sostener una discusión en torno a cómo hacer legal (ya que hoy no lo es), una Asamblea Constituyente. Dicho de otra forma: propuestas como esta son justamente las que destruyen la credibilidad de la clase política, mientras el país espera soluciones concretas a otros temas.

La Asamblea Constituyente es un falsa promesa y casi un llamado populista a resolver problemáticas de las cuales no se hará cargo, pero que si podrá tapar al menos mediáticamente. Así, al mismo tiempo que se despacha un proyecto de reforma laboral con urgencia, se plantea un nuevo impuesto para financiar la educación (después de aprobar una reforma para lo mismo) o aparecen nueva boletas falsas, nuevamente se levantan banderas de la AC despistando a la ciudadanía y cambiando el eje de la discusión. Mientras tanto, aún no se resuelve el como se logra educación pública de calidad sin selección, cómo frenar la puerta giratoria en la justicia, el diseño para administrar hospitales eficientemente o la solución para activar el mercado laboral en vez de estancarlo.


La actual Constitución ha sido reformada en más de una ocasión y si queremos seguir perfeccionándola, hagámoslo. Incluso, ojalá algún día veamos una nueva carta fundamental de la mano de un parlamento más legitimado y en un ambiente de diálogo que hoy no existe. Pero hoy, dada la situación de país, por favor no desperdiciemos tiempo y recursos valiosos cuando hay una innumerable lista de asuntos prioritarios esperando. Para superar esta crisis y ganarse nuevamente la confianza del pueblo, la receta es simple: ocuparse de lo importante y de aquello que afecta directamente la calidad de vida de las personas.


Columna originalmente publicada en Diario Financiero
https://www.df.cl/noticias/opinion/columnistas/ac-dc-asamblea-constituyente-o-distraccion-constante/2015-04-21/185955.html

lunes, 20 de abril de 2015

Planificación, más acá del comunismo

La discusión estatal en general tiene que ver con egresos; como nos gastamos la plata. Sin embargo el país raramente discute de cómo ganar más. Una reforma tributaría no es la respuesta, porque simplemente es pasar los billetes de un bolsillo a otro sin agregar valor en el camino. La pregunta debiera ser; ¿Como aumentamos los ingresos de Chile y como el estado facilita esa labor? ¿Dónde está el plan para lograr eso?

Plan suena a planificación y si lo apellidamos de central, nos recuerda más de un experimento comunista que ha probado ser un gran fracaso. El Estado como asignador de recursos no funciona, sin embargo si debe tener espacio para proponer una visión y consensuar un plan de acción. Tal como cualquier empresa, no puede definir oferta y demanda, pero si como agregar más valor y ganarse un espacio en un mercado competitivo. Un país puede hacer lo mismo dentro de una mercado mundial.

¿Por qué no aspiramos a ser líderes en educación, en servicios financieros, en minería, en tecnología, en alimentos y en turismo?

Si queremos desarrollar la minería en Chile, debiéramos exportar minería, no minerales. Para eso hay que sentar en la misma mesa a los gobiernos regionales del norte, a un par de universidades, un par de mineras y trazar un plan de acción para que Antofagasta sea la capital minera de América. Un lugar donde hay más doctores en minería que en cualquier otro lugar del mundo. Una ciudad donde todo proveedor minero del mundo tenga su laboratorio y haga sus pruebas de prototipos.

El líder indiscutido en post grados en el mundo es EE.UU., pero no todos pueden darse el lujo de ir para allá. Australia lo tiene claro y por lo mismo la educación es su segunda industria después de la minería, siendo cada año el 25% de sus estudiantes universitarios inmigrantes, principalmente de China, India e Indonesia. Con 900 millones de latinoamericanos la oportunidad está dando bote. La tarea no se la podemos dejar a cada universidad por separado, necesitamos de un Gobierno proactivo que fomente la coordinación y facilite la regulación que sea necesaria para que seamos el destino preferido de cualquier aspirante a doctor o magister en nuestros países hermanos.

Entendiendo al estado como el gran árbitro de un país, quien regula, tiene el monopolio de la fuerza, quien invierte e interviene cuando a los privados se les hace muy complicado ponerse de acuerdo o cuando es ineficiente que lo hagan; un rol que se si le cabe es promover una visión, coordinar e invitar a diseñar un plan de acción, la acción y gestión se la dejamos al mundo privado que hay probado en eso ser mejor.


lunes, 13 de abril de 2015

¿Cómo salimos de esta?

La crisis política es innegable y la desconfianza en la clase dirigente de este país tiene a los mismos contra las cuerdas. Lo que es peor, no saben como salir de ellas. Se miran entre todos buscando respuestas y a lo único que atinan es a firmar un acuerdo para dejar de hundirse entre ellos. Aún así, no se ve un salida en el horizonte… y la razón es simple: porque la respuesta está fuera de ellos y como no saben más que mirarse el ombligo. Para superar las actual situación necesitamos de tres ingredientes: rediseño, recambio y accountability (disculpen el spanglish, pero los gringos tienen el término bien acuñado y para nosotros raramente existe).

Primero necesitamos hacer cambios al sistema político, cambios que muchos vienen pregonando hace mucho, pero como a los jugadores actuales no les conviene, no pasa nada. Se hace una reforma al binominal, creando más escaños para no afectarlos. Necesitamos un Servel con mas autoridad que pueda sancionar severamente a quienes infringen las leyes de elecciones sin poder sostener el cargo que ganaron con trampa. Eliminar el doping en política. Adiós fuero parlamentario y que así todos seamos iguales frente a la ley. Un contraloría con más atribuciones. Innovar en la forma en la que deciden e implementan las leyes. Atreverse a discutir reformas a la constitución no para modificar unos artículos, sino que para plantear gobiernos diferentes de mediano y largo plazo. Hacer la diferencia entre materias de Estado frente a la contingencia de un gobierno. Incluso pensar en sistema de representación más flexibles de la mano de tecnología.

El segundo es el recambio, es la única forma de cambiar una cultura política que ya está viciada. Una que encuentra normal las malas prácticas y que a todos quienes están fuera les da asco. Forzar a que cese la re-elección de los actuales representantes que viven mamando eternamente del Estado. Exigir que a las elecciones vayan nuevas personas y para eso primero hay que declararlo en las encuestas, para que no se les ocurra aparecer en las urnas. Pasa por dar un paso adelante y meter las patas al barro, esperando poder limpiarlo. Informarse y hacer la pega (estudiar) antes de votar. Incluso votando por un candidato que no sea nuestro favorito, pero que sea nuevo. Al final, todos quieren un mejor país, más allá de que creamos en caminos diferentes.

Por último, accountability. Que nuestros representantes sea hagan responsables de lo prometido versus lo entregado. Que haya un seguimiento claro de lo realmente logrando y de lo que no se hizo. Mayor transparencia y escrutinio público antes de elegir a personeros públicos. Con tecnología y mecanismos concretos para aumentar la transparencia y rendición de cuentas. Sanciones más severas para delitos cometidos por quienes tienen un cargo público; es a ellos a quienes hay que exigirles más, no menos. Quizás es algo que a muchos les incomode, pero es la única forma de elegir a los mejores.


Son tres grandes cambios que implican un involucramiento de la ciudadanía. Esto no sucederá si no alzamos la voz más fuerte, si no estamos dispuestos a ser candidatos, si quienes están hoy dirigiendo no están dispuesto a hacer cambios que les duelan y los saquen de su situación de comodidad. Para salir de esta hay que generar nuevamente confianza social y ella se construye sobre acciones concretas que todos entienden que no son sólo palabras, sino que iniciativas que van a perdurar: nuevas personas y un sistema que permita premiar a quien lo hace bien y castigar a quien lo hace mal.


Como aumentar la desigualdad

Está claro que si todos tuviéramos acceso al mismo nivel de educación reduciríamos la tan detestada desigualdad de este país. Sin embargo, educación universitaria gratis no se aleja mucho del Pan y Circo romano. Como los estudiantes marchan, a ellos el gobierno les responde, cuando la verdad es que esta medida hoy generaría justamente lo contrario: más desigualdad. Me explico; si todos los alumnos del país llegaran a cuarto medio habiendo recibido una educación equivalente, los mejores sin importar su cuna podrían llegar a las mejores universidades. Suena bien, salvo un pequeño detalle: asumimos que todos recibieron una educación equivalente.

Lamentablemente eso hoy no es así. La educación que está a cargo del Estado no es buena (por no decir mala). Los establecimientos emblemáticos que han logrado tener excelencia lo hacen gracias a la selección de sus alumnos y hay otros casos aislados. Es decir, los colegios públicos aún no saben como entregar “educación de calidad”. Entonces si tuviéramos universidades gratis para todos, quienes fueron a un buen colegio privado o pueden pagar un pre universitario irían a las mejores universidades. Con los impuestos de todo Chile estaríamos financiando la educación de los más ricos y además de entregarles un título muy rentable, lo que aumentaría aún más la desigualdad.

Junto con lo anterior, hay que considerar que las mayores brechas en el capital humano se generan en las etapas más tempranas. Es decir, donde más se debiera invertir es en educación pre – escolar. Numerosos estudios demuestran como ya a los 3 años hay diferencias cognitivas y motrices entre niños con acceso a diferentes niveles de recursos.


También creo que la Educación es la vía para superar la desigualdad y el derecho a la educación hasta los 18 años, pero el camino es diferente al que está tomando la actual reforma educacional. Primero hay que aumentar la oferta y demanda de educación pre-escolar. Después que diseñar colegios que logren la excelencia sin importar que tipos de alumnos tienen. Más autonomía para los directores, profesores con menos horas de clase y la posibilidad de ser despedidos si no hacen bien su trabajo (como todos nosotros), serían algunos cambios positivos, pero no suficientes. Cambiar algunos incentivos como el Aporte Fiscal Indirecto y poner bien los incentivos. Sólo así, con la pega hecha, con de 12 generaciones formándose en colegios públicos que no tengan nada que envidiarle a un colegio privado, que llegaron a primero básico con iguales condiciones psico-motrices y buena alimentación, podríamos empezar a hablar de un impuesto a graduados (y que no nos importe que el gobierno nos haya mentido en la cara un año atrás).

martes, 31 de marzo de 2015

¿Dónde quedó el Honor?

En Japón, cuando los samuráis caen en falta o vergüenza, antes de vivir en deshonra prefieren el sepukku o haraquiri: el extremo de enterrarse voluntariamente un puñal en su cuerpo para terminar con su vida.

Guardando las distancias, por cierto, en Chile en cambio hoy la corrupción empieza a ser peligrosamente esperable y los imputados argumentan tranquilos que "todo fue legal". Otros dan gracias que nuestros escándalos son un juego de niños comparados con los de nuestros países vecinos, y algunos impresentablemente declaran que "todos lo hacen" o "mejor cerrar los ojos".

¿En qué minuto permitimos que nuestros líderes nos den el ejemplo que jugar sucio es el camino para triunfar? ¿Desde cuándo la ética pasó a estar por debajo de la ley? Mientras miles de emprendedores y empresarios honestos nos esforzamos para ser el motor de este país, junto con tantos empleados públicos que se ocupan del funcionamiento de nuestra nación, unos pocos destruyen la reputación de todos.

Necesitamos que la palabra empeñada vuelva a tener valor y que burlar la ley no sea una "pillería" de la cual jactarse en privado, sino que algo de lo que nos avergoncemos. Para que exista el "deshonor", primero la palabra "honor" debe empezar a nombrarse, enseñarse, discutirse y que sea parte de nuestro diario vivir. En el servicio también hay honor; "ministro" viene de servir al resto, no a los intereses de propios.

La clase política debiera ser la crema y nata de nuestra sociedad, un privilegio de los mejores e intachables. Pero eso no va a pasar mientras sigamos dándole las condolencias cuando alguien "bueno" decide entrar en política, o continuemos con problemas a la memoria para cada votación. Tampoco va a mejorar nuestra clase empresarial si sólo premiamos el precio con nuestra compra, sin importar que hay detrás.

Paremos en seco este escalamiento de corrupción e ilegalidades. Para devolverle el prestigio a las clases política y empresarial, debemos hacerlo con nuestro ejemplo, no basta con opinar. Hacer de nuestra sociedad una de la que estemos todos orgullosos, pasa exclusivamente por tí y por mí. Por nuestras decisiones y acciones cotidianas. Por no "colarse", por respetar donde estacionarse, por no comprar películas piratas y no actuar diferente cuando nadie me ve. Si queremos exigir, partamos por nosotros para frenar el germen de una cultura que permite abiertamente "pasar piola". Un paso después votemos por la renovación política y compremos productos de empresas honestas, sustentables y socialmente responsables. Seamos consecuentes con lo que creemos y honorables si queremos que nuestros líderes lo sean.

Columna publicada en el Diario Financiero. Martes 31 de Marzo, 2015
https://www.df.cl/noticias/opinion/columnistas/donde-quedo-el-honor/2015-03-30/172257.html



sábado, 28 de marzo de 2015

Michelle por favor... devuélvanos la plata

Suena a como si me sintiera estafado. La verdad es que sí, pero no es el centro de esta columna, aunque voy a aprovechar de hacer un pequeño descargo. Cuando uno ve en la última década recursos fiscales derrochados en EFE, Transantiago, la cafetería del congreso o en “consultorías” hechas por el amigo de no se quien, me dan ganas de hacer una demanda formal al Estado de Chile y pedir de vuelta la plata que pagué en impuestos.

Sin embargo, voy a ser más propositivo y a abogaré por un concepto bastante simple, pero lamentablemente poco discutido: la transferencia de recursos del Estado a la población para reducir la desigualdad.

Cuando se plantea una reforma para recaudar más recursos para disminuir la desigualdad, suena a Robin Hood y suena bien. Quienes pueden contribuir  más pagan más impuestos y el Estado se lo “transfiere” a quienes tienen menos. Esto de hecho es el gran secreto de muchos países como Japón que son “más desiguales antes de impuesto que después de impuestos”. Esto quiere decir que el Estado entrega la plata a quienes más la necesitan a través de diferentes mecanismos; subsidios a la contratación de mano de obra poco calificada, créditos blandos para industrias estratégicas, recursos para emprendimiento o para vivienda, entre otros.

Así es como efectivamente se logra reducir la desigualdad, el estado procura redistribuir los recursos. Quizás, de los pocos ejemplos que no puede lograrse con este tipo de transferencia, y que contribuye a la desigualdad, es en educación. Aquí el Estado sí debe “gastar” y no necesariamente transferir (entendiendo que la evidencia indica que el sistema de “cupones” no es eficiente para mejorar la educación).

El presupuesto del gobierno para el año 2015 se aumentó en un 9,8%, entonces el desafío es que la burocracia estatal no crezca, sino que ese aumento vuelva al país direccionado a quienes más lo necesitan. Suena obvio, pero no es así. Mucho piensan que un estado más grande es mejor, pero eso la mayoría de las veces es ineficiente y no ataca directamente la desigualdad.

Lamentablemente de los USD 2.300 millones que aumentará el gasto, más de la mitad irá a gastos administrativos. Es decir no terminará en Chile, sino que en los amigos del gobierno y nuevos empleados. Dicho de otra forma: por cada 1.000 pesos que el gobierno le promete a Chile en inversión, el gobierno de gasta otros 1.000 pesos en administrar la entrega de esos recursos. ¿Le parece eso eficiente? A mi tampoco.

Sólo un ejemplo: existen aproximadamente 500.000 deudores habitacionales en el país. El presupuesto del Ministerio de Vivienda es de 1.669.101 millones, lo que si fuera transferido directa y automáticamente a cada deudor habitacional equivaldría  278 mil de pesos mensuales, lo que alcanza de sobra para pagar cualquier hipoteca y solucionar definitiva un problema tan importante para el país. Sabemos que esto así tal cual no es posible, pero ilustra de buena forma los recursos “se pierden en el camino” y se gastan ineficientemente.


Como pueblo, aún más si usted es de los que apoya a este gobierno, debemos exigir que nos devuelvan la plata. Que aumente el gasto, pero no los administrativos y  personal contratado. Sino que ese aumento de presupuesto se transforme en transferencias e inversión directa. Si no saben en que, nuestros amigos del norte y el sur tienen un par de ideas.