Está claro que si todos tuviéramos acceso al
mismo nivel de educación reduciríamos la tan detestada desigualdad de este
país. Sin embargo, educación universitaria gratis no se aleja mucho del Pan y
Circo romano. Como los estudiantes marchan, a ellos el gobierno les responde,
cuando la verdad es que esta medida hoy generaría justamente lo contrario: más
desigualdad. Me explico; si todos los alumnos del país llegaran a cuarto medio
habiendo recibido una educación equivalente, los mejores sin importar su cuna
podrían llegar a las mejores universidades. Suena bien, salvo un pequeño
detalle: asumimos que todos recibieron una educación equivalente.
Lamentablemente eso hoy no es así. La
educación que está a cargo del Estado no es buena (por no decir mala). Los
establecimientos emblemáticos que han logrado tener excelencia lo hacen gracias
a la selección de sus alumnos y hay otros casos aislados. Es decir, los
colegios públicos aún no saben como entregar “educación de calidad”. Entonces si
tuviéramos universidades gratis para todos, quienes fueron a un buen colegio
privado o pueden pagar un pre universitario irían a las mejores universidades. Con
los impuestos de todo Chile estaríamos financiando la educación de los más
ricos y además de entregarles un título muy rentable, lo que aumentaría aún más
la desigualdad.
Junto con lo anterior, hay que considerar que
las mayores brechas en el capital humano se generan en las etapas más
tempranas. Es decir, donde más se debiera invertir es en educación pre –
escolar. Numerosos estudios demuestran como ya a los 3 años hay diferencias
cognitivas y motrices entre niños con acceso a diferentes niveles de recursos.
También creo que la Educación es la vía para
superar la desigualdad y el derecho a la educación hasta los 18 años, pero el
camino es diferente al que está tomando la actual reforma educacional. Primero
hay que aumentar la oferta y demanda de educación pre-escolar. Después que
diseñar colegios que logren la excelencia sin importar que tipos de alumnos
tienen. Más autonomía para los directores, profesores con menos horas de clase
y la posibilidad de ser despedidos si no hacen bien su trabajo (como todos
nosotros), serían algunos cambios positivos, pero no suficientes. Cambiar
algunos incentivos como el Aporte Fiscal Indirecto y poner bien los incentivos.
Sólo así, con la pega hecha, con de 12 generaciones formándose en colegios
públicos que no tengan nada que envidiarle a un colegio privado, que llegaron a
primero básico con iguales condiciones psico-motrices y buena alimentación,
podríamos empezar a hablar de un impuesto a graduados (y que no nos importe que
el gobierno nos haya mentido en la cara un año atrás).

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