La crisis política es innegable y la
desconfianza en la clase dirigente de este país tiene a los mismos contra las
cuerdas. Lo que es peor, no saben como salir de ellas. Se miran entre todos
buscando respuestas y a lo único que atinan es a firmar un acuerdo para dejar
de hundirse entre ellos. Aún así, no se ve un salida en el horizonte… y la
razón es simple: porque la respuesta está fuera de ellos y como no saben más
que mirarse el ombligo. Para superar las actual situación necesitamos de tres
ingredientes: rediseño, recambio y accountability (disculpen el spanglish, pero
los gringos tienen el término bien acuñado y para nosotros raramente existe).
Primero necesitamos hacer cambios al sistema
político, cambios que muchos vienen pregonando hace mucho, pero como a los
jugadores actuales no les conviene, no pasa nada. Se hace una reforma al
binominal, creando más escaños para no afectarlos. Necesitamos un Servel con
mas autoridad que pueda sancionar severamente a quienes infringen las leyes de
elecciones sin poder sostener el cargo que ganaron con trampa. Eliminar el doping en política. Adiós fuero parlamentario y que así todos seamos iguales frente a la ley. Un
contraloría con más atribuciones. Innovar en la forma en la que deciden e
implementan las leyes. Atreverse a discutir reformas a la constitución no para
modificar unos artículos, sino que para plantear gobiernos diferentes de
mediano y largo plazo. Hacer la diferencia entre materias de Estado frente a la
contingencia de un gobierno. Incluso pensar en sistema de representación más
flexibles de la mano de tecnología.
El segundo es el recambio, es la única forma
de cambiar una cultura política que ya está viciada. Una que encuentra normal
las malas prácticas y que a todos quienes están fuera les da asco. Forzar a que
cese la re-elección de los actuales representantes que viven mamando
eternamente del Estado. Exigir que a las elecciones vayan nuevas personas y para
eso primero hay que declararlo en las encuestas, para que no se les ocurra
aparecer en las urnas. Pasa por dar un paso adelante y meter las patas al
barro, esperando poder limpiarlo. Informarse y hacer la pega (estudiar) antes
de votar. Incluso votando por un candidato que no sea nuestro favorito, pero
que sea nuevo. Al final, todos quieren un mejor país, más allá de que creamos
en caminos diferentes.
Por último, accountability. Que nuestros
representantes sea hagan responsables de lo prometido versus lo entregado. Que
haya un seguimiento claro de lo realmente logrando y de lo que no se
hizo. Mayor transparencia y escrutinio público antes de elegir a personeros
públicos. Con tecnología y mecanismos concretos para aumentar la transparencia y rendición de cuentas. Sanciones más severas para delitos cometidos por quienes tienen un
cargo público; es a ellos a quienes hay que exigirles más, no menos. Quizás es
algo que a muchos les incomode, pero es la única forma de elegir a los mejores.
Son tres grandes cambios que implican un
involucramiento de la ciudadanía. Esto no sucederá si no alzamos la voz más
fuerte, si no estamos dispuestos a ser candidatos, si quienes están hoy
dirigiendo no están dispuesto a hacer cambios que les duelan y los saquen de su
situación de comodidad. Para salir de esta hay que generar nuevamente confianza
social y ella se construye sobre acciones concretas que todos entienden que no
son sólo palabras, sino que iniciativas que van a perdurar: nuevas personas y
un sistema que permita premiar a quien lo hace bien y castigar a quien lo hace
mal.

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