Bueno, si nos amparamos en el tecnicismo del ingreso per cápita, tal vez un día lo será… pero aún así, no se si por mucho tiempo. Y esto es porque hemos sido más papistas que el Papa en cuanto a neoliberalismo se refiere. Si usted toma una clase de economía nivel uno, le explicarán que debe aprovechar sus ventajas competitivas. Es decir, si tiene habilidades manuales y sabe manejar el cuero, haga zapatos. Si creció en el campo, conoce la tierra y los vegetales, sea agricultor. ¡No piense más y no pierda el tiempo haciendo zapatos! hay alguien que lo hace mejor que usted, y en la medida que cada uno se especialice e intercambien, todos estarán mejor.
Esto mismo se aplica a los países. Algunos son buenos para manufacturar, otros para producir energía o entregar servicios, mientras que en Latinoamérica y por su puesto Chile, somos buenos para los recursos naturales. Según lo anterior la lección es clara, nosotros producimos el cobre y otros lo procesan. Para nosotros es conveniente: comprarle cañerías a China nos sale más barato que hacerlas nosotros. Tienen mejor tecnología, son más productivos e incluso tienen energía más barata, por ende son más eficientes. Zapateros a sus zapatos y Chile a sus minerales.
Bajo esta misma lógica lineal, cuando un adolescente sale del colegio tiene más habilidades físicas que otros y por lo tanto, bajo ningún motivo debiera ir a la universidad. Es más competitivo para hacer trabajos físicos y a eso se debería dedicar. Sin embargo, la gran mayoría aspira a una educación superior que le permita acceder a nuevos conocimientos, nuevas redes, y que en términos económicos no es otra cosa que invertir para mejorar su productividad en un área determinada... y es rentable. ¿Por qué no hacemos lo mismo con Chile? Nuestras ventajas competitivas son claras y el libre mercado nos empuja a explotarlas, pero si queremos dar un salto cualitativo y sustentable en el largo plazo, necesitamos ir a la universidad como país.
Corea del Sur lo hizo en los años 60, cuando nadie creía en ellos y eran un país sin industrias, invirtieron para ser la potencia manufacturera que son hoy. Hace 30 años el 90% de los barcos eran construidos por Europa y Japón, hoy Corea del Sur es responsable por más del 40% de esta producción. Malasia es la misma historia, no es casualidad que sea uno de los principales productores de semi conductores del mundo, fue una decisión. Pasaron de ser una economía basada en la agricultura y la minería en los años 70, a una mejor balanceada donde sus principales exportaciones son artículos eléctricos y maquinaria, obteniendo el 37% en 2013, seguido por petróleo y derivados con un 22%.
Si realmente queremos ser el granero del mundo, no basta con declararlo. Si nos sentimos tan orgullosos de Codelco, debería ser porque exportamos Minería, no minerales. Si pensamos que somos un paraíso turístico, hay que promoverlo y capacitarnos para estar a la altura. Chile tiene la potencialidad de ser un referente en alimentos, minería, servicios y turismo, pero para que ello ocurra hay que tomar la decisión y hacerse cargo. Establecer un plan macro que nos involucre a todos, invertir en investigación y educación, beneficios tributarios, coordinación de lo público y lo privado. De lo contrario, el mismo libre mercado que ha premiado nuestras ventajas competitivas, nos castigará cuando el tipo de cambio no le convenga o cuando aumente el costo de explotar nuestros recursos. En cambio, el conocimiento y la especialización, son más difíciles de reemplazar, y por ende tienden a rentar más. Sino, no iríamos a la universidad.

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