lunes, 8 de septiembre de 2014

Probar antes de… y en la políticas públicas también

Cuando invertimos en algo importante, normalmente investigamos y lo probamos antes. Gastar plata (y esfuerzo) en algo que después no era lo que esperábamos, es frustrante y por lo tanto es prudente tantear.

En el ámbito profesional y creativo, científicos experimentan, marketeros testean, y emprendedores hacen prototipos y rediseñan. Por otro lado,  las parejas conviven antes de casarse, e incluso los partos se ensayan. Entonces, si sabemos que otra cosa es con guitarra ¿por qué a la hora de implementar políticas públicas de alto impacto no aplicamos la misma lógica?

China es un buen ejemplo. En una decisión políticamente compleja como es pasar del comunismo al capitalismo, el gigante asiático fue de a poco. Se implementaron “zonas económicas especiales” que gozaron de mayores libertades. Mientras Pudong en Shanghai podía recibir inversión extranjera directa, en Shenzhen se privilegiaron los temas tecnológicos y la manufactura. Una década más tarde, el partido comunista vio que era bueno y empezó a aplicar gradualmente la misma política al resto de las provincias. 

En Chile, la Reforma Procesal Penal fue aplicada gradualmente, una región a la vez, comenzando el año 2000 y terminando cinco años después. Vale la pena destacar que “no fue noticia”, a diferencia de un trasquilado Transantiago, que se implementó todo de una vez.

Hoy se están discutiendo importantes reformas para Chile. Vale la pena ser cautelosos y ver realmente si lo que se plantea en el papel es viable en la realidad. Frente a un nuevo modelo administrativo para colegios, veamos primero si funciona aplicándolo en una sola comuna. Si hay un nuevo modelo taxativo que pueda reducir la desigualdad, veamos cómo se comporta el mercado de una región, antes de arriesgar a todo un país.

Todos queremos implementar políticas exitosas que lleven a un Chile mejor. Sin embargo, de la teoría a la práctica hay un sin fin de detalles por descubrir y de supuestos que validar. Contengamos la ansiedad de concretar un plan maestro en menos de cuatro años, probemos primero en pequeña escala y recojamos el feedback que corresponda para después ir escalando en base a resultados concretos. Solo así podremos tomar decisiones responsables con foco en el bien común a largo plazo.



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